Cuando pensamos en hacer fotos en familia, muchas veces esperamos a que haya una razón. Un cumpleaños. Un bautizo. Una comunión. La Navidad. La llegada de un bebé...


Pero, con los años, me he dado cuenta de que algunas de las fotografías que más valor tienen no hablan de grandes acontecimientos. Hablan de cómo era nuestra vida en un momento concreto.


De ese momento en el que tus hijos todavía te pedían ayuda para ponerse los zapatos. De las tardes jugando en el suelo del salón. De los cuentos que había que leer una y otra vez antes de dormir. De su habitación llena de juguetes que un día, casi sin darte cuenta, dejarán de interesarles.


Por eso, cuando hago fotografía familiar en Madrid, cada vez me interesa más fotografiar precisamente eso: la vida que ya está ocurriendo.


No tenemos que crear el recuerdo. Ya está ocurriendo.

Una sesión de fotos familiar no tiene por qué significar vestirse de una determinada manera, buscar un lugar espectacular y pasar una hora intentando que todos miren a cámara. Podemos hacer algo mucho más sencillo como una mañana en casa.


Preparar un bizcocho juntos. Bañar a los niños. Jugar en su habitación. Leer su libro favorito. Salir con las bicicletas. Dar un paseo con el perro. Preparar el desayuno un domingo.


No hace falta organizar demasiadas cosas para una sesión de fotos en familia porque, en realidad, lo importante ya está ahí. Las miradas, las manos pequeñas buscando las tuyas, la forma en la que se sientan encima de ti aunque haya espacio de sobra en el sofá, sus juguetes favoritos tirados por el suelo, el dibujo que está pegado en la nevera, esa camiseta que siempre quiere ponerse. Incluso esa ropa que hizo su abuela y que dentro de unos meses probablemente ya no le quedará.


Todo eso también forma parte de vuestra historia.


Lo cotidiano también desaparece

Hay cosas que ahora vemos todos los días y por eso pensamos que siempre estarán ahí. Pero no.

Dentro de unos años tendrán otra habitación, otros juguetes, otros libros...


Aprenderán a montar en bicicleta sin que tengas que sujetarles. Aprenderán a patinar. A atarse los cordones. Dejarán de pedir ayuda para cosas que hoy todavía necesitan hacer contigo.


Llegarán otros retos, otras conversaciones y otras etapas y probablemente no sabrás cuál fue exactamente la última vez que te pidieron ayuda para hacer alguna de esas cosas.


Por eso me gusta tanto la fotografía documental de familias. Porque no intenta convertir vuestra vida en algo perfecto. Intenta recordar cómo era.


Fotografiar vuestra casa también es fotografiar vuestra historia

Muchas familias me dicen al principio: "Mi casa no es especialmente bonita para hacer fotos."

Pero cuando hacemos una sesión de fotografía familiar en casa, no estoy buscando una casa de revista. Estoy buscando vuestra casa. El sofá donde os sentáis todos juntos, su habitación, sus dibujos, los juguetes, la cocina donde preparáis tortitas.


Porque dentro de diez o quince años probablemente muchas de esas cosas habrán cambiado y entonces la fotografía tendrá otra dimensión.


Ya no será solamente una fotografía bonita de vuestro hijo, será una fotografía de cómo era vuestra vida cuando vuestro hijo tenía uno, cinco, siete o nueve años.



Two women sitting on floor playing with a baby in a bright nursery room.
A young family shares a tender mealtime moment, with a baby in a high chair being fed by loving parents at home.

Y esta vez tú también vas a estar en las fotos

Hay algo que veo constantemente cuando fotografío familias. Muchas madres tienen miles de fotografías de sus hijos en el móvil.

Fotos con papá, con los abuelos, con los hermanos, jugando, de vacaciones...


Pero cuando buscas fotografías donde aparezca mamá viviendo todas esas cosas con ellos, muchas veces hay muy pocas.

Porque normalmente eres tú quien está haciendo la foto.


Por eso una de las cosas que más me importa cuando hago una sesión de fotos familiar es que tú también formes parte de esa memoria. No solo una fotografía mirando a cámara. Quiero que tus hijos puedan ver algún día cómo les mirabas, cómo les abrazabas, cómo era estar juntos.


No te propongo una sesión de fotos

Te propongo guardar una etapa.


No hace falta esperar a que ocurra algo especial. Puede ser una tarde cualquiera después del colegio... un sábado por la mañana, un desayuno lento, una tarde haciendo galletas, una mañana en casa sin ningún plan extraordinario.


Mi manera de trabajar la fotografía familiar en Madrid es principalmente documental y natural. Intervengo lo mínimo posible para que podáis estar juntos y para que las fotografías hablen realmente de vosotros.


No busco que los niños estén quietos ni que sonrían constantemente a cámara.


Prefiero que jueguen, corran, se enfaden, busquen a mamá, se rían con papá y hagan las cosas que hacen normalmente.

Porque seguramente, dentro de unos años, eso será precisamente lo que querrás recordar.


No tenemos que crear el recuerdo. Ya está ocurriendo.


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